¿Y si los españoles no enfrentamos a la verdad?

Con el brutal acoso de los mercados y la crisis del euro y la deuda pública, tras el des-gobierno de Zapatero, de la incompetencia llevada hasta el ridículo, de ir de guay y bienqueda, aunque eso sí siempre pagando el contribuyente y no asumir responsabilidades que para eso ya lo hará la derecha. Y después de estos fabricantes de paro, llegan los otros, los del Partido Popular, recortando al ciudadano, al mismo tiempo que afirman que castas políticas y autonomías son intocables y creyendo que simplemente por no hacer el ridículo, los mercados calmarán sus iras contra España. Pues va a ser que no, ya que no sólo no han cesado sus ataques, sino que los han incrementado.

¿Qué está pasando? ¿mienten unos, los otros o los dos? Porque aquí parece que nos cuentan bobadas o verdades a medias.

Primero, los mercados no es que no crean en los gobiernos de España, sino que no creen en la propia España. De acuerdo que los mercados son tiburones y especuladores, pero lo que se dice tirar el dinero, no lo tiran. Seamos claros, parte de la responsabilidad de todo lo que sucede y ha sucedido la tiene el pueblo español, pues ha permitido, y a veces hasta con gusto, que muchos de los excesos del pasado ocurrieran. Además, esta crisis tiene claros responsables políticos, que no sólo no responden ante los tribunales, sino que encima son recompensados económicamente. Y a eso hay que añadir que España son cuarenta mil naciones, con sus pléyades de enchufadetes a costa del erario público. Desde luego, la imagen que damos es de ser un país poco serio.

Segundo, el recorte de derechos sociales del gobierno del PP está agudizando la crisis. No hace falta ser un gran economista para comprobar que bajando los sueldos y subiendo los impuestos, se frena el consumo, motor de la demanda. Es un hecho el fracaso de las políticas de austeridad en Europa, pero ellos erre que erre.

Tercero, Europa no nos va a salvar sin pedirnos nada. No seamos tan ingenuos. La crisis de la deuda de los PIGS ha beneficiado a los intereses de la deuda alemana y de los países nórdicos. Esto no quiere decir que en estos países no exista una idea de Europa y una solidaridad con los países con problemas, pero de ahí a sacrificarse ellos para salvarnos nosotros, como que no. Son países democráticos y un gobierno que utilizara dinero de los contribuyentes para salvar a países que han despilfarrado duraría dos telediarios. Todavía peor la ayuda del FMI, de dudosa reputación y éxito, al que le importan un bledo las autonomías y que haya multitud de organismos que no valen para nada, sólo quiere números y lo más fácil para conseguirlo es asfixiar a los ciudadanos subiendo impuestos y machacar a funcionarios o pensionistas para que cuadren las cuentas.

Cuarto. No se habla de lo que se tiene que hablar: el estado de las autonomías, tal como lo conocemos, supone la ruina para España. Gracias al mismo, tenemos el país de Europa con más número de políticos por habitante, y no parece que precisamente sea el más rico. La izquierda está presa de sus propios fantasmas afirmando que España es una nación de naciones y la derecha dice que las autonomías no se tocan. Hay demasiados espacios de poder para poder repartir. Pero la cuenta de la fiesta la paga el contribuyente español.

Quinto, la cosa pinta muy mal. Pero que muy mal, mucho peor que lo que nos cuentan, por eso es preciso desviar la atención del ciudadano echando cortinas de humo. Lo de los funcionarios, por ejemplo, es muy socorrido, se les baja el sueldo, el pueblo aplaude... y todo va a peor, como se demuestra con las bajadas de ZP, Cospedal, la Espe y el Griñán. En eso sí están de acuerdo todos. Es que no hay nada como ser populista tercermundista. Cuando las cosas vayan mal, siempre quedará el populismo para que el pueblo no se entere de lo que no se debe enterar.

¿Debemos resignarnos? ¿estamos condenados a vivir muy por debajo de la media europea? ¿están condenados nuestros hijos y las generaciones jóvenes a emigrar a otros países?

Primero, debemos asumir nuestras responsabilidades como pueblo y debemos comportarnos como un pueblo democráticamente maduro, si es que de verdad lo somos. De todo lo que nos ha pasado, los políticos, en general, tienen la culpa. Y digo en general, porque hay políticos para quitarse el sombrero y otros... para correrles a gorrazos. Pero no debemos pasar por alto que los políticos son representantes de la soberanía popular. Y el pueblo, sí, aunque duela hay que reconocer que tiene mucha culpa de lo que pasó, que si quiero estación del AVE en mi calle, que si quiero universidad en mi pueblo, que si quiero aeropuerto en mi barrio... Todo eso cuesta dinero, los políticos sin escrúpulos lo ejecutan y tú lo pagas, pedazo de pardillo. Y lo harás en el futuro a costa de tu sueldo. El dinero nunca ha llovido del cielo.

Segundo, debemos despolitizar la sociedad, abandonando el odioso fanatismo tercermundista y antidemocrático de los míos son los buenos y los demás son los malos. Si los sindicatos, están más preocupados de la política, que de los derechos del trabajador, mal vamos. Si las organizaciones empresariales y los empresarios, hacen lo mismo, también vamos mal. No hay cosa más deplorable que una reunión de artistas o intelectuales convertida en un mitín político, da sensación de lo que es, falta de profesionalidad.

Tercero, debemos volver al esfuerzo y la excelencia. Y se debe hacer a todos los niveles, desde el más bajo hasta el más alto, debemos recuperar el gusto por el trabajo bien hecho y la sensación de bienestar que produce la sincera honestidad. Debemos de cambiar el modelo de políticos que tenemos, de muchos, incapaces y trincones a otro de pocos, preparados y honestos. Arriba deben estar los mejores, los que sean un ejemplo a seguir para la sociedad y que se les pague generosamente si en realidad lo merecen.

Cuarto, debemos recuperar la idea de España. Ninguna empresa u organización, ni siquiera una comunidad de vecinos, brindaría oportunidades de gestión o ayudaría a quien tuviera la intención de separarse o reventar el ente. Y seamos realistas, aunque puedan haber tenido algún aspecto positivo, como la superación de ciertos desequilibrios regionales, en general, el estado de autonomías ha creado despilfarro, insolidaridad, desmadre legislativo, pero eso sí, grandes beneficios a amiguetes, enchufados y demás castas. España, la marca España, es importante en el mundo, y su imagen exterior muy buena. Somos, en general, un país hospitalario, solidario, tolerante, de una larga historia y cultura, con una gran influencia en la historia global de toda la Humanidad. Merece la pena ser español.

Quinto, la pelota está en nuestro tejado, ya que ni las castas, ni Europa van a sacar las castañas del fuego al pueblo español. Nadie que sea miembro de una casta va a perder sus privilegios voluntariamente y Europa no nos va a dar algo a cambio de nada. Debe ser el pueblo español el que alce la voz y reaccione con energía, pero siempre pacíficamente y dentro de la estricta legalidad. Sirva como ejemplo, la reacción del pueblo islandés. Debemos ser suficientemente conscientes de que somos responsables de nuestro futuro y el de nuestro hijos y suficientemente ecuánimes para saber que nunca se puede generalizar y que hay excelentes políticos, sindicalistas, artistas, banqueros, religiosos, que no merecen que se les compare ni de lejos a otros miembros de su profesión.

Finalmente, la selección española de fútbol nos ha mostrado el camino a seguir. Nos ha demostrado que España puede estar en los primeros puestos si quiere y pone voluntad en ello. Con esfuerzo, preparación, unidad, honestidad y humildad lo ha conseguido. Ese es el camino. No nos engañemos y no nos dejemos engañar, no hay otro.

Jaime Arroyo
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