Algo huele mal en la privatización de la sanidad madrileña



El conflicto

El presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, anunció en octubre de 2012 un plan para ahorrar 533 millones de euros que incluía la externalización de centros sanitarios junto al polémico euro por receta. Se justificó la decisión asegurando que el modelo de concesión es más eficiente, da buenos resultados clínicos y alta satisfacción a los pacientes pero sin aportar ningún informe técnico que avale esta afirmación. En España no existen estudios científicos que permitan concluir qué modelo es mejor, porque no existe transparencia de datos, ni en la gestión privada ni en la gestión pública; y alertan de que el modelo que quiere implantar Madrid ya fracasó en Valencia con un alto coste para la administración.

Desde entonces se han sucedido una serie de huelgas, encierros en hospitales y centros de salud, manifestaciones, concentraciones. Lo que se ha venido en llamar marea blanca.

Según afirman sus convocantes, no se trata de defender las condiciones laborales, sino de defender la sanidad pública.

Las autoridades de la Comunidad de Madrid, con su presidente Ignacio González y su consejero de Sanidad Javier Fernéndez Lasquetty, han actuado con un extraño empecinamiento en no querer negociar lo más mínimo. Finalmente, el plan fue aprobado el 27 de diciembre de 2012 por la Asamblea de Madrid, a través de una ley que permite privatizar 6 hospitales y 27 centros de salud.


Lo que no te cuentan

Ahí les quisiera yo ver. En un hospital atendiendo y curando a enfermos. Desde los restaurantes, las instituciones parlamentarias y las ruedas de prensa se ve la vida mucho más bonita que enfrentándose cara a cara a las miserias de la enfermedad y al drama de la muerte. Esto no es demagogia, simplemente es que no se deberían tratar con superficialidad temas de los que no se tiene ninguna experiencia personal. Si mañana González y Lasquetty atienden y curan enfermos (con el debido asesoramiento, claro está) durante una semana en un hospital, entonces sus opiniones pueden valer de algo.

La transferencia de las competencias sanitarias a las autonomías ha sido la propia ruina del sistema sanitario. Los directores de gestión, planificación, organización, etc., de las consejerías de sanidad cuestan una fortuna, pudiéndose llevar a cabo esta gestión de manera mucho más eficiente con la actual tecnología informática. Es el secreto mejor guardado y también por los medios de comunicación agradecidos. Antes cuando no habían consejerías de sanidad no había déficit. Y entraban hasta las vitaminas. Nuestros impuestos son devorados para la casta política. Siempre les gusta hablar de costes de funcionarios, pilotos,controladores, pero se cuidan muy bien de hablar de lo que cuestan las consejerías de sanidad en materia de gasto improductivo, como es la gestión, o sea los políticos.

El plan no goza del apoyo popular. Pese a insistir en que la mayor parte de los ciudadanos están a favor del plan y los perjuicios que les han ocasionado las reivindicaciones, lo cierto es que la mayor parte de la población apoya al personal sanitario. Los pacientes han apoyado al personal sanitario y se han recogido una enorme cantidad de firmas en este sentido.


No se trata de sanidad pública o privada

La sanidad privada debe existir y tiene que existir. Pero evidentemente tiene sus actuaciones y la pública las suyas. No se trata de sanidad pública o privada, cuanto más sanidad, ya sea pública o privada, mejor, ya que no hay mejor indicador del desarrollo de un país.

Hay determinados aspectos sanitarios en los que la sanidad siempre será deficitaria, y esa es su condición para su eficiencia. Y aquí es donde entra la sanidad pública.

Y hay otros aspectos sanitarios en los que la sanidad privada puede ser más eficiente o más ágil, ya sea desde el punto de vista de los seguros privados (quien tenga la enorme suerte de tener dinero para podérselos pagar), para determinados conciertos con la sanidad pública, u otros aspectos que el personal sanitario con formación conoce bien.

Gestionar la sanidad desde un punto de vista contable es algo peligroso y en ocasiones puede llegar a ser cruel. Ya nos hemos acostumbrado a que los trabajadores seamos la mercancía en el mercado laboral, ahora ya sólo falta que los enfermos también sean la mercancía en el mercado sanitario.


Las comparaciones son odiosas

Se afirma que el plan que se quiere implantar en la Comunidad de Madrid es similar al de otro países europeos.

Se nos dice que se quiere implantar un modelo similar al británico, pero la chapuza de la Comunidad de Madrid no resiste las comparaciones. En España ni se ha debatido sobre el asunto en el Parlamento, ni se ha consultado previamente a los expertos y a los interesados, pacientes y personal sanitario, ni se han establecido previamente las normas de control, ni se han fijado de manera formal y transparente los objetivos que deben cumplir esos centros (de gestión pública o privada), ni se garantiza la transparencia del gasto, ni la posibilidad de comparar unos centros y otros. Nada que ver en definitiva con cualquier modelo europeo.

Las opiniones que defienden al plan de Ignacio González no resisten un análisis serio y riguroso. No se habla con rigor de datos, y en cambio, sí se insiste en tópicos populistas y demagogos, como "los privilegios de los funcionarios". El personal de la sanidad pública no es funcionario, sino de carácter estatutario. Mal vamos, si no estamos preparados para hablar con información del tema.
 
Se pone el ejemplo de Suecia, pero en este país nórdico apenas el 12% de la asistencia se subcontrata a pequeñas clínicas privadas, como se hace en España para solucionar listas de espera quirúrgicas. Estas cuentas están sometidas a un riguroso escrutinio público, que no se ve ni por asomo en las Comunidades Autónomas. 

También se habla del caso de Andalucía. Sin defender ni mucho menos el modelo andaluz, es un modelo distinto, que funciona a través de conciertos y que también ha sido rodeado de protestas. En estos días han sido habituales las acusaciones entre las autoridades de las comunidades andaluza y madrileña. Que hartazgo tenemos del ¡y tú más! Que poca clase tiene la clase política.

En el plan aprobado por la Comunidad de Madrid se debe exigir la transparencia total de la contratación, tanto del concurso, empresas que se presentan, como de las condiciones del contrato. Se debe exigir que el contrato que se firme sea publicado antes.


Las mentiras sobre la sanidad


Una mentira mil veces repetida... se transforma en verdad

(Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda de la Alemania nazi)


Según el Ministro de Hacienda, Cristobal Montoro, En la Sanidad hay mucho abuso. Hay que redefinir la cartera de servicios. La mayor parte el gasto sanitario se produce en la atención especializada, y es ahí donde España se sitúa en los últimos lugares de los países de nuestro entorno, con sólo 10,4 ingresos por 100 habitantes, frente a 15,9 de la media UE-15 E, o a 17,2 de media de los países europeos de la OCDE.

El argumento de más manido por los dirigentes de Madrid es que la sanidad privada es más barata. Sin embargo, el porcentaje de gasto en salud sobre el PIB en España fue de 9,5%, mientras que el promedio de los países de la OCDE fue de 9,7%. El gasto per capita en salud en España fue de 3.067 $, mientras que el promedio de los países de la OCDE fue de 3.361 $. Tres de los países que más gastaron (Estados Unidos: 7.960 $, Suiza: 5.144 $ y Canadá: 4.363 $) tienen un porcentaje mayor de gasto sanitario privado (52%, 40% y 29%) respecto al total de gasto sanitario que el de España (26%).

Tampoco es cierto que la sanidad privada consiga mejores resultados, ya que la evidencia científica internacional demuestra que las probabilidades de muerte al ser atendido en un hospital con ánimo de lucro son mayores que si eres atendido en un hospital público (no lucrativo) son un 2% superiores en adultos, un 9,5 % superiores en recién nacidos y un 8 % superiores en pacientes renales crónicos. Los hospitales lucrativos presentan tasas mas elevadas de complicaciones post-operatorias (neumonía, insuficiencia respiratoria e infecciones urinarias), que los no lucrativos. La mortalidad en pacientes con enfermedad renal fue del 21 % para los pacientes tratados en las centros lucrativos frente al 17 % para los tratados en centros no lucrativos, a pesar de que los riesgos eran inferiores en los lucrativos ya que realizaban un menor porcentaje de trasplantes. Son datos de diversos estudios científicos.

También se dice que sobran recursos sanitarios, pero solo tenemos 3,2 camas por 1.000 habitantes frente a las 4,9 de media de la OCDE, situándonos los quintos por la cola de 34 países de la OCDE. En el caso de camas psiquiátricas también nos situamos en los últimos lugares, mientras que en camas de agudos tenemos 2,5 camas por 1.000 habitantes frente a las 3,5 de media de la OCDE.

Y no es cierto que gastemos mucho en el sistema sanitario. En el estado español dedicamos unos 65.000 millones €/año a sanidad pública, pero estamos por debajo de la media de la UE-15 y del promedio de la OCDE en gasto per cápita (3.067 USD en el 2009, OCDE 3.223).

Por último, otro de los argumentos empleados para la privatización de la sanidad es que cuatro de cada cinco funcionarios de MUFACE eligen sanidad privada. Lejos de reforzar la tesis de la privatización total, es un argumento contrario. La existencia de MUFACE no es un privilegio funcionarial, como algunos equivocadamente piensan, sino una reminiscencia del pasado. Hace decenas de años, las prestaciones que estaban cubiertas para los funcionarios eran mucho menores que para el resto de ciudadanos, de ahí que los primeros empezaran a cotizar a mutualidades diversas que terminaron por fusionarse en una sola, MUFACE. Nadie lo ha modificado porque funciona, con cuentas saneadas y excelentes prestaciones. He aquí un argumento sólido para un adecuado uso público de la sanidad privada, sobre todo en atención primaria. En el caso de intervenciones complicadas; ciertas enfermedades, normalmente de carácter grave; o urgencias en determinadas poblaciones, los mutualistas de MUFACE son derivados a la sanidad pública, lo que viene a reforzar el argumento de la necesidad de su existencia.


Medidas... ¿liberales?

Si tan liberales son, no sé porque no devuelven el dinero destinado a la sanidad a los ciudadanos y que cada cual se busque su sanidad.

El liberalismo español es un tanto sui generis. Hace mucha gracia oír a políticos españoles hablando de las excelencias de la privatización y pontificando a la empresa privada, cuando no han trabajado en su vida en una empresa privada y ni por asomo han creado ninguna empresa con sus propios medios.

Y además sus medidas y sus gastos ahogan (aún más) a los autónomos y pequeñas empresas. Si tan liberales son...

Yo no digo nada, pero no sé por que, como que me viene un mal olor...

Jaime Arroyo

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